martes, 6 de abril de 2010

microrrelatos

Se encontraba asustado, no sabía como salir de esa situación. Suspiró, cerró los ojos y apretó el gatillo. Al despertarse se dio cuenta, de que había mojado la cama.


Había una chica guapísima comiéndose con gracia un chupa-chups. Se acercó a pedirme la hora, y yo embobadó se la di. Al momento, me percate de que no me había robado el corazón, sino la cartera.